Saber "Perder"


Estamos en momentos de cierre, términos, separaciones, finales. Esta larga situación de emergencia en la que hemos estado inmersos ha traído como consecuencia un sinfín de rupturas de todo tipo. Divorcios, negocios en quiebra, largas separaciones de nuestros seres queridos, interrupción o abandono de estudios, por sólo mencionar algunos, nos son muy familiares ahora. Los ciclos se terminan y no tenemos control alguno sobre ellos.


Se suele hablar con mucha frecuencia sobre la necesidad de practicar el desapego, pero no es tan común que se nos diga que aprendamos a perder. En una sociedad competitiva que premia la lucha y el esfuerzo para lograr que las cosas salgan como uno quiere, cada vez que algo termina de manera no planificada o esperada se considera una pérdida y aquel al que le sucedió... un perdedor.


Ahora bien, vamos a detenernos un poco y veamos. En demasiadas ocasiones no sabemos realmente lo que queremos y nos quedamos en una misma situación cómodamente anestesiados hasta que no tenemos ni ganas ni fuerzas para evolucionar ni cambiar, por lo que vivimos a un 25% de nuestra capacidad. Amorosamente, la vida, que es cambio constante y que siempre está siendo, necesita forzarnos de alguna manera a salir de esa pasmosa certeza. Es así como situaciones inesperadas nos vienen a despertar y a hacernos "perder". ¿Qué perdemos? La inercia.


Si tu relación de pareja terminó, si dejaste tus estudios, si cerraste tu negocio, no eres un perdedor. Eres un ser humano que vive, con inmensas cualidades aún sin utilizar, que puede reinventarse cada vez que quiera. Lo que opinen los demás no importa. ¿Perdiste? no lo parece. El verdadero perdedor es aquel que se pierde a sí mismo por aferrarse a algo que ya no existe.



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